Real Club Deportivo de Lendoiro
La Asamblea del Deportivo de La Coruña sólo tiene dos urnas de votación. Una para el No y otra para la Abstención. Ambas, colocadas sobre la mesa del presidente Lendoiro.
Así, el accionista que vota a favor del Augusto César, sólo debe quedarse en su sitio, nada más. Pero quien se atreve a contrariar sus designios, tiene que levantarse, atravesar el salón y decírselo a la Cara.
Avalado por los pasados éxitos del Superdepor, Lendoiro gobierna a su antojo una sociedad que no le pertenece, sin deber explicaciones a nadie; ni mucho menos, a esos periodistas que pretenden informar y hasta opinar de su club.
De ahí la última bravata de querer cobrar a los medios por retransmitir los partidos en el Estadio Municipal de Riazor. En realidad, llueve sobre mojado.
Si dependiera de Lendoiro, se aboliría la libertad de prensa sobre el Deportivo. Nos bastaría con las informaciones de su periódico (Depor Sport), su página web (canaldeportivo) y su anhelada televisión. Para qué más.
AFÁN DE LUCRO. Es una consecuencia de convertir a los clubes de fútbol en sociedades anónimas. Dilapidar una organización asociativa y democrática para engendrar fenómenos como Lendoiro, que se autoembolsa un sueldo equivalente al 1% del presupuesto del Depor [vía].




