1 Ene 2006

Inmigración, en ámbar

Inmigración, en ámbar

Suenan las alertas. El 59,6% de los ciudadanos piensan que hay “demasiados” inmigrantes en España, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que además, destaca la inmigración entre las primeras preocupaciones sociales (40%), bastante por encima del terrorismo de ETA (25,3%) y sólo por debajo del desempleo (54,1%).

Sin embargo, y curiosamente, ese posible brote de intolerancia se contradice con otras opiniones encuestadas, según las cuales, el 78,9% de los españoles considera que los inmigrantes deben tener los mismos derechos que los nativos (educación, sanidad, asociación, religión…).

Entonces, ¿cuál es el problema? Parece que, como diría Clinton: Is the Economy, Idiot. Con la llegada de los inmigrantes, ha aumentado el número de ciudadanos con mayores necesidades sociales, pero ¿ha crecido también el dinero para financiar esas prestaciones?

Está claro que si no se financian correctamente, una de dos, o se devaluan los servicios o se limitan los usuarios de la educación, sanidad y asistencia públicas. Resulta que esto es lo que ha venido sucediendo en los últimos años, sobre todo, en grandes capitales receptoras de inmigrantes, como Madrid.

El barómetro del CIS aporta dos indicios en esa dirección. De momento, casi la mitad de los ciudadanos piensan que los sueldos están bajando por culpa de los extranjeros. Mientras que un abrumador 78,1% opinan que la inmigración está perjudicando a la españoles pobres. Habría que preguntar ¿cómo de pobres?

Con este panorama, las críticas dirigidas al Gobierno por “regularización masiva de inmigrantes” no sólo parecen equivocadas, sino bastante peligrosas. Mejor estaría que se pusieran todos manos a la obra para fortalecer el estado del bienestar, sin exclusiones, en vez de convocar fantasmas que conviene no agitar.

3 Responses to “Inmigración, en ámbar”

  • Adolfo Says:

    Iván , este tema es muy interesante. En el informe publicado por el Ayuntamiento de Madrid en julio de 2005 con el análisis de impacto económico acerca de la inmigración en la Capital de España, se menciona expresamente “El notable impulso inmigratorio registrado en la Ciudad de Madrid y en el
    conjunto de la región … no parece haber tenido un efecto destacado ni sobre el crecimiento de los precios ni sobre la moderación de los salarios, al menos con respecto a la evolución observada por estos mismos indicadores en la economía española en su conjunto”.
    Referencia: http://www.esmadrid.com/monograficos/varios/barometro5/Monografico_5.pdf
    Si tenemos en cuenta que Madrid acumula el mayor porcentaje de inmigrantes de España, no parece que la causa de la contención salarial sea el importante crecimiento de la población inmigrante.
    Además, la foto de Aznar con los pies sobre la mesa del G8 y la llamada a su puerta de Zapatero son posibles gracias a ciertas cifras que aporto:
    Hoy en día, la población inmigrante aporta el 7,9% del VAB (Valor Añadido Bruto: aportación al producto interior bruto). Es cierto que suponen el 10,4% de la afiliación a la seguridad social, pero esa merma de la productividad que ponen de manifiesto las cifras tiene que ver con que el 77% de estos inmigrantes se dedican a los sectores de la construcción y de los servicios (caramba! los motores de una economía que “va bien”), caracterizados por una baja productividad.
    Y esto ¿qué tiene que ver con el G8? Las credenciales que estamos mostrando para gestionar nuestra entrada entre los poderosos del planeta son las que muestran el incremento del PIB nacional. Este incremento está basado en nuestro consumo interno (somos el segundo país, después de EEUU, con mayor consumo interno de la OCDE). Realidad que está directamente relacionada con el volumen de la población y su nivel medio económico.
    La verdad es que España ha aprovechado precios muy reducidos del dinero para impulsar su consumo. Al mismo tiempo, ha integrado mano de obra barata (la población inmigrante se lleva el 7,9% de la tarta salarial frente al 10,7% que representa su afiliación) para satisfacer la demanda existente (fundamentalmente construcción y servicios, qué curioso). Y a la vez ha respondido a uno de sus amenazas históricas: el envejecimiento de la población (que redunda en el consumo).
    Así que, si alguien quiere minar el camino de la integración habrá de buscar otros resortes porque “la economía no es”.

  • ivanpino Says:

    Ok, Adolfo. La economía no es. Pero ¿crees que se han resentido los servicios del estado del bienestar a pesar de la bonanza económica?

  • Adolfo Says:

    Yo creo que no. Sin embargo, creo que deben ser reforzados y mejorados. Podríamos detenernos en muchas causas que generan distorsiones en nuestro actual estado del bienestar. Una muy en boga es la que relaciona cierto bajón en la calidad percibida con la descentralización en la gestión de servicios como la educación o la sanidad.

    Es cierto que se multiplican las voces que predicen una quiebra en el Estado del Bienestar provocada por la inmigración. Estas voces no hacen más que en incidir en un viejo debate: es el Estado del Bienestar posible?

    Un ejemplo: los colegios hoy en día no están tan llenos como a principios de la década de los ochenta ¿Es que entonces quebró el sistema educativo?

    Es demagógico vincular la demanda con la quiebra de la oferta. La última legalización ha sumado sujetos a ambos lados: ingreso y coste. Si la proporción está bien o mal calculada es un debate al margen de que el receptor de los servicios y el pagador de impuestos sea un inmigrante.

    Los colectivos de inmigrantes tienen demandas específicas. Pero es cierto que pueden ser asumidas perfectamente por nuestro modelo. Por lo demás, su nivel de exigencia se adapta al de aportación.

    Los viejos del lugar recordarán el intenso debate que se produjo en España cuando se incorporaron de golpe al sistema de la Seguridad Social a los trabajadores del campo (que históricamente no habían cotizado). Entonces se les acusó de recibir servicios por los que no habían pagado y se anunció una crisis irresoluble del modelo. Y se superó. Eso que la mayoría de ellos eran tan mayores que se sumaban para empezar a percibir pensiones o medicamentos y no precisamente para aportar.

    Desde el punto de vista del inmigrante “legal” el Estado del Bienestar no debería hacer aguas. Si esto ocurre es que está mal definido. Colaboremos en su redefinición.

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