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El Cuento de la Ética Empresarial (relato con moraleja)

By on 10/01/2012 in Sostenibilidad

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En el Máster que estoy cursando por la UNED y la UJI, muy recomendable, de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa, nos propusieron un ejercicio en el módulo de Ética Empresarial. Reflexionando sobre sus contenidos, me salió este relato con su punto de ironía y actualidad:

El Sr. Z era un directivo brillante. Firme partidario de introducir la ética en la gestión empresarial, acreditaba su compromiso con un Máster en Responsabilidad Social Corporativa.

En su amplia e intensa carrera profesional, ya había pasado por el hito de la eficiencia, dirigiendo con éxito una cadena de producción de tornillos; por el de la calidad, obteniendo ratios de satisfacción del cliente del 98% en una operadora de telefonía; y por el de la excelencia, gestionando una plantilla de 3.000 asesores financieros en una consultora multinacional. Ahora le tocaba el hito de la ética, y hacer lo correcto no sólo con empleados y clientes, sino también con las demás personas del entorno de la empresa. Era su reto, personal y profesional.

Pensaba que tenía en su haber la experiencia y el conocimiento necesarios. Su último puesto, como consejero delegado de Investments Corporation, le había resultado especialmente fructífero en ese sentido. Con gran esfuerzo, había conseguido que el Consejo de Administración aprobase la adscripción de la compañía al Pacto Mundial de las Naciones Unidas. Gracias a su iniciativa, se comprometieron a cumplir y comunicar el cumplimiento de sus diez principios.

Había sido un gran paso hacia la dirección ética, pero, por desgracia, ocurrió aquello. Las dichosas subprime. Todo el mundo sabía que eran un peligro, él también. Pero no se sentía responsable. Su empresa no las vendía directamente, se limitaba a recomendar su contratación en algunos casos; y advirtiendo de los riesgos en la letra pequeña del informe. En fin, alguien podría reprocharle responsabilidad por colaboración, pero no tenía ningún conflicto ético al respecto. Cumplió la Ley. Y los efectos secundarios de sus acciones le quedaban demasiado lejos. Entre el operario con la casa embargada por no pagar su hipoteca y sus clientes en el fondo de inversión o los accionistas de su empresa había un abismo de distancia. Por supuesto, no era su intención provocarles ningún mal, pero aquel producto era mucho más rentable, aunque menos seguro, que cualquier otro alternativo. Las cosas, sencillamente, salieron así.

Ahora afrontaba una nueva etapa en la Fundación Responsable. Un gran proyecto. Estaba muy ilusionado. Se dedicaría al patrocinio y mecenazgo con orientación social. Contaba como socio con una figura institucional, muy conocida en la sociedad, que le ayudaría a comunicar al entorno de la organización sus valores, respondiendo a las expectativas de los grupos clave. También había pensado en avanzar algo más con las políticas internas. Después de lo del Pacto Mundial, le apetecía desarrollar un Código de Conducta de empresa y personal en la organización.

En eso pensaba, justamente, cuando llamaron a la puerta. Era el presidente de una Administración regional, que quería montar un foro de responsabilidad corporativa por todo lo alto. Bien, bien… la cosa marcha se dijo a si mismo.

Moraleja

Como explica la profesora Irene Saavedra, esto de la ética empresarial no va de compromiso, sino de liderazgo de sus directivos. Se construye con las decisiones y elecciones cotidianas de los máximos responsables; y no con la mera declaración de códigos, pactos y teorías de escuela de negocios. ¿No te parece?

3 Comments

  1. Marcelo

    Miércoles, 11 enero 2012

    Ivan

    Mis felicitaciones, una muy buena forma de explicar que responsabilidad en realidad es algo más que la cobertura, sino que hay que calar un poco más hondo. El camino no siempre ofrece señales claras, o tal vez no se quieren ver.
    Un gran saludo

  2. Mercedes Murcia

    Miércoles, 11 enero 2012

    En mi opinión, lo ético y lo empresarial son dos términos difícilmente compatibles. Conoces algún caso real? No crees que al hacer públicas las buenas acciones de las empresas se persigue normalmente un fin nada ético y nada altruista? Al fin y al cabo todo esto ya viene de lejos, viene desde que el hombre sintió la necesidad de tranquilizar su conciencia. Y qué decir de los líderes: egocéntricos con afán de notoriedad con tendencia a la tiranía…? Y a pesar de todo lo dicho, y en contra de lo que pueda parecer, sí que existen personas desinteresadas, comprometidas y con vocación de servicio que no esperan nada a cambio. Pero yo no diría que son empresarios.

  3. Mikel Orrantia

    Miércoles, 11 enero 2012

    Si Sr. Muchas gracias por la reflexión, que comparto. Muy bien planteada la historia y la moraleja, a la vieja usanza.
    Saludos cordiales. Agur.

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