Estela Mouriño, coordinadora da galardoada Unicef en Galicia, afirma no xornal La Opinión A Coruña:
“Ás veces semella que só os nenos do Terceiro Mundo teñen problemas, pero abonda decir que, en Galicia, o 12% dos cativos viven no linde da pobreza”.
Lémbranos o necesario labor das ONG nesta sociedade do primeiro mundo; a súa función de controlar as fallas dos Gobernos e colaborar na solución das necesidades sociais.
El Correo Gallego le pone precio a la filantropía de uno de los hombres más ricos del mundo, Amancio Ortega, presidente de la multinacional Inditex:
[La Fundación Amancio Ortega] nació en 2001 con un presupuesto de 60 de los 10.000 millones de euros que según Forbes posee, es decir, el 0,6% de su patrimonio. El equivalente a una donación de 120 euros de un ciudadano con 20.000 en su cuenta bancaria.
Es decir, el mismo importe que puede pagar un ciudadano de sueldo medio a su asociación de vecinos, cultural, benéfica o ambiental: unos 10 euros mensuales.
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Al Banco Mundial le gustaría que España (y todo el mundo) implantase un mercado de trabajo como el de las Islas Marshall, donde no existen las jornadas laborales, ni el derecho a vacaciones, ni los descansos obligatorios, ni salarios mínimos, ni límites para el despido…
Para el informe Doing Business del Banco Mundial, que examina la liberalización de 175 economías, las Islas Marshall ocupan el primer puesto en el ranquin de mejores condiciones para la contratación laboral.
Con razón. La organización sindical CIOSL critica al organismo que dirige Paul Wolfowitz por ensalzar a un Estado que no ratifica las normas fundamentales del trabajo, incluidas las prohibiciones del trabajo infantil y forzoso. [Vía]
“Si bien la filantropía es encomiable, no debe hacer perder de vista a los filántropos las circunstancias de injusticia económica que, en primer lugar, la hacen necesaria”
Martin Luther King
[Vía Dinero, agosto 2006]
Gates y Buffet no son mecenas de la Humanidad ni filántropos solidarios, sino grandes inversores que promueven nuevos mercados lucrativos. Es la opinión del ilustre blogger Juan Urrutia, catedrático de Economía, publicada hoy en Expansión:
No es por casualidad que la mayoría de los fondos que mueve la filantropía hayan ido a la ciencia. Fue el caso histórico de Rockefeller y parece ser el caso de Gates.
[Los donan por] los beneficios que surgirán de un mercado para paliativos de ciertas enfermedades, incluso si esos descubrimientos pasan al dominio público, a través de los negocios colaterales que pueden liderar.
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